martes, 10 de abril de 2012

Caminando en círculos




    Llevaba varias horas caminando. No sabía con seguridad cuántas. Podían ser dos o podían ser cinco. No importaba. Ni siquiera recordaba cuál de las confusas ideas que le rondaban por la cabeza lo había impulsado a salir y caminar sin rumbo fijo. Se cruzó con una persona y la miró sin llegar a verla: era otra sombra, como las muchas que se había ido cruzando a lo largo de la tarde. En estos momentos de desasosiego solía despegarse del resto de la gente, y últimamente se estaba acostumbrando a caminar hacia ningún sitio cada vez que le pasaba. Era su burbuja, ese lugar rodeado por una muralla en la que nada podía entrar ni salir; era una seguridad que mantenía el dolor fuera, aun a riesgo de impedirle avanzar.
    «Por eso me da por caminar sin un rumbo establecido —pensaba—. Este paseo es una alegoría de mi vida: camino, me canso, pero no avanzo. No estoy yendo a ninguna maldita parte».
    Tenía la molesta manía de ponerse existencial y trascendente en sus momentos depresivos. Sabía que calificar sus actos de «alegoría», o de cualquier otra tontería, era una estupidez que pensaba para intentar dar sentido a la realidad de su vida. Necesitaba creer que había algo más que la rutina monótona y absurda que no lograba entender. De lo que no era consciente era de lo inane que eso resultaba; después de todo, era una protección más que lo anclaba al presente perpetuo que se estaba forjando. Para él, era muy duro no hallar una respuesta a la realidad; por eso necesitaba trascendentalizar todo: no es tan duro no hallar respuesta a lo metafísico y a lo trascendental. Su gran error era intentar trascendentalizar lo cotidiano, lo rutinario, porque en las personas como él, marcadas por la hipersensibilidad y el ansia de encontrar la respuesta a los rompecabezas de la existencia, el día a día cae como una losa de debajo de la cual es imposible salir.
    Intentaba explicarse el mundo pero no lo conseguía. Le faltaban los conocimientos. Intentaba explicarse la conducta de la gente pero no lo conseguía. Le faltaba paciencia. Intentaba explicarse su propia persona pero no lo conseguía. Le faltaban las palabras.
    Ese anhelo de saber, de conocer, también lo mantenía atado en el presente perpetuo. Estaba perdiendo el tiempo y empezaba, demasiado tarde, a ser consciente de ello. «No puedo continuar así. Los años están pasando cada vez más rápido y hay todavía muchas cosas que no he hecho y que ya tendría que haber hecho. Mierda. Lo que tengo que hacer es derribar el muro y atreverme a salir. Sal, sal, sal». Pero nunca salía. Continuaba, obstinadamente, escudriñando la realidad con la finalidad de encontrar algo abstracto detrás. Sin embargo, lo verdaderamente misterioso en la vida de una persona no es lo metafísico sino lo cotidiano, y eso lo asustaba. Con lo metafísico podía lidiar; no por nada se había empapado de alta literatura y filosofía como lo había hecho los últimos años. No obstante, enfrentarse a la realidad era mucho más difícil porque le faltaba experiencia. Era algo que no le salía aunque se esforzase insistentemente.
    «Aquel día tendrías que haberte atrevido. Te necesitaba. A ti o a cualquiera, eso da igual. Te las das de buenazo pero cuando alguien necesita que le echen una mano te acojonas y te apartas porque no quieres que nadie sea muy cercano a ti. ¿Por qué, idiota? ¿Qué te preocupa? ¿Sentir algo por ella? Menuda novedad. Vale, las otras veces no ha funcionado. Vale, las otras veces has sufrido. Pero, joder, alguna tendrá que funcionar. Y si no, deja de meterte en esta mierda de mundo irreal en el que te sumerges porque no estás yendo a ningún sitio. ¿No te das cuenta? Caminas en malditos círculos. Vueltas, vueltas, vueltas. Mucho cansancio pero al final acabas en el punto de salida.
    »Eres un idiota. Ella te necesitaba. Sí, tú no tienes la culpa de lo que le pasa, pero al no ayudarla no sólo no has sido una solución sino que has llegado a ser parte del problema. Menudo imbécil. Lo peor de todo es que querías acercarte. O sea que no consigues ayudarla cuando te necesita y encima te quedas con las ganas de acercarte a ella. Después del tiempo que has esperado a que ella se acercase a ti. Lo dicho, eres un idiota.
    »Que sí, que has sufrido mucho. Claro que sí, campeón, sigue encerrándote en ti mismo. Así no sufres... por culpa de los demás. ¿Y por la tuya propia? Vamos a ver, ¿por qué crees que estás caminando hacia ninguna parte ahora mismo? ¿A que nadie te ha hecho daño? No, tonto, estás haciendo esta tontería supina porque tú mismo no has hecho nada. Déjate de ensimismamientos y avanza de una vez, pánfilo. Cobarde. En estos casos hay que hacer el idiota de vez en cuando. Arriésgate y tira hacia delante. Y si la cagas, la cagas. Más se perdió en la guerra».
    Últimamente había conseguido mejorar bastante. Hasta hacía poco, su vida personal había estado marcada por la autodestrucción. En su obsesión por infravalorarse, todo le parecía más fácil si creía que no merecía que le ocurriesen cosas buenas. Era una forma de sentir menos dolor al no conseguir lo que deseaba. Finalmente, acabó por valorarse, al ver que el camino de autodestrucción que se había obligado a seguir iba a terminar con él, y se dio cuenta de que era una persona mucho mejor de lo que creía.
    «Menudo problema. Justo cuando me doy cuenta de que soy bueno, y cuando consigo que se me pase el miedo a que los demás lo sepan, me encuentro con que siendo bueno no se va a ninguna parte. Hay que joderse. Ahora se prefiere a los chicos malos. Y yo paso de ocupar un puesto de segundón por propia voluntad a ocuparlo por obligación. Qué felices me las prometía. Iluso. Verdes las han segado, chaval. Muy verdes».
    Nadie podía negarle que tenía una sensibilidad superior a la de la gran mayoría de personas que se movían por esa realidad que pretendía adornar. Era un romántico y un sentimental, y siempre había querido amar con pasión y con locura, pero nunca se había atrevido. Ahora, por fin, después de todo el sufrimiento, se sabía capaz de hacerlo y estaba dispuesto a salir y buscarlo. «Puedo —se decía a sí mismo—. Puedo, y lo haré». Desgraciadamente, era un soñador, y la era de los soñadores había quedado atrás hacía tiempo. Le había tocado vivir la era de la deshumanización de los sentimientos y de los anhelos. Ya estaba harto de ver cómo algunas personas seguían, con esa ceguera propia del enamoramiento, a quienes los hacían sufrir una y otra vez, constantemente. Era incapaz de explicar por qué él tenía que quedar por detrás. Antes, cuando se creía inferior, esta situación era menos dolorosa; ahora, sabiendo lo que de verdad valía, la idea lo estaba volviendo loco.
    Después de todo, quizá esa idea fuese la que lo había impulsado a salir a caminar sin rumbo fijo. No tenía la respuesta, y no parecía que fuese a encontrarla. No comprendía el mundo, la conducta de la gente ni a sí mismo porque le faltaban los símbolos que hiciesen saltar el resorte de la realidad para ver lo que había escondido detrás. El problema era que dichos símbolos ni siquiera existían; por lo tanto, lo único que podía hacer era seguir caminando, sin avanzar, buscando las respuestas a preguntas que nadie había hecho. Intentar resolver el rompecabezas que nadie había planteado.
    Se cruzó con una persona y la miró... Le sonaba de algo, aunque no había llegado a verla. Seguía yendo en círculos.

5 comentarios:

Mariwaka dijo...

Me ha encantado

SofíaPM dijo...

Sé que ya te lo he dicho, pero te lo vuelvo a decir ;) Me ha gustado mucho y espero con ansia los próximos capítulos. Me gusta como escribes :)

Subi dijo...

Grande! D verdad me ha gustadi mucho, en bastantes aspectos me he sentido identificado, por no decir en la gran mayoria, me ha encantado una parte, "intentaba explicarse el mundo..." es genial, no lo hubiera plasmado mejor! Esperando mas capitulos.

Simón dijo...

Grande cousin... yo de mayor quiero ser como tu y no como el psicodepresivo ese del relato. Aunque lo que me falta es saber a donde nos lleva la depresión del tipo...
Eso si... me encanta tu forma de escribir...

Anónimo dijo...

Boca abierta cuñao! Ke grande ke eres! Un jodido genio! Sal a buscarlo insensato!

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